LA AVENTURA DE SER MAESTRO
Los maestros, viejos o jóvenes, hombres o mujeres, en áreas urbanas o rurales, con posgrados, licenciaturas o sin estudios, cualquiera que sea nuestra condición económica, social, religiosa, nivel educativo en el que trabajos y servicio que prestamos; todos, todos estamos en esta AVENTURA DE SER MAESTROS. En la práctica cotidiana están implícitos nuestros valores, creencias, costumbres, sentimientos y conocimientos. Somos seres humanos que como todos tenemos problemas personales, enfrentamos retos profesionales; unas veces estamos felices otras tristes, como vulgarmente decimos “reímos y lloramos como cualquier ser humano”, tenemos errores y aciertos.
Nadie nos enseña a ser maestros. Sin embargo, no considero que llegamos cual tábula raza al servicio. Al iniciar tenemos acumuladas experiencias y perspectivas que sembraron nuestros maestros con ser actitudes, su forma de explicar, de provocar el conocimiento, con sus formas de pensar, actuar y sentir transmitidas en sus clases. Otros además tuvimos la fortuna de haber sido formados como maestros, para ciertas circunstancias y bajo ciertos enfoques pedagógicos, pero para maestros.
La realidad supera cualquier expectativa.de golpe estamos frente al grupo. Una tropa de ojos que te miran con interrogación, bocas que cuchichean por lo bajo y algunas risitas veladas. Yo he vivido esa dicha. Se llena uno de tensión, el habla se niega a salir, sientes un nudo en la garganta, quizá de angustia; pero también llena de emoción. Tienes “tu grupo”, “tus alumnos” y esto de facto es una bendición, desde cualquier cristal que lo mires. En ese instante recuerdas tus anhelos, tus propósitos y vez en cada rostro un futuro hombre una futura mujer y te imaginas su vida en el marco de nobles valores, de una sociedad llena de esperanzas.
Superado este trauma del noviciado magisterial, viene una vorágine de experiencias. En las prácticas se amalgaman experiencias, conocimientos y circunstancias. Subyacen concepciones, teorías y creencias pedagógicas. Los maestros que alguna vez fuimos academicistas, que creímos poseer la verdad absoluta la cual teníamos que enseñar, que al inicio nos vimos carentes de una identidad profesional, que no teníamos técnicas de motivación ni el lenguaje apropiado a la ciencia que elegimos enseñar y nos pretendíamos investigadores especialistas o nos declaramos ignorantes para afrontar problemas de disciplina, de organización de clases o para ganar la atención de los estudiantes; no lo fuimos porque cada docente tenga que pasar por esas etapas, sino porque históricamente nos ha tocado vivir la transición de la práctica docente hacia nuevos paradigmas. En los que se han transformado los roles de todos los actores del hecho educativo, así mismo las concepciones, el andamiaje teórico y el proceso de enseñanza aprendizaje.
Sin duda hay un abismo entre la formación docente y la práctica docente cotidiana. La realidad supera cualquier expectativa. Esta brecha es un problema de la estructura del conocimiento en la currícula. El conocimiento como abstracción se descentra de la realidad. Más que por ensayo y error, la docencia es una práctica experimental dialéctica que transformamos constantemente, según nuestras perspectivas, expectativas y circunstancias concretas. No obstante, habrá que recorrer largos caminos para convencernos de esto. Muchas veces el tedio magisterial, al final de la jornada durante 30 años de servicio, ya no nos permite vislumbrar con claridad estos ideales.
NICOLÁS RIVERA MARTÍNEZ
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Compañero Nicolás:
ResponderEliminarLeí los artículos publicados en su blog y realmente tiene usted una amplia trayectoria en la docencia. Ser maestro es una gran aventura y satisfacción y compromiso y entrega. El convivir y aprender de los jóvenes es lo que nos permite estar en movimiento.
Saludos afectuosos:
Alberto Ríos Ortiz